- La banca mexicana muestra un panorama dividido: los depósitos ganan tracción en mayo, pero el financiamiento a empresas se contrae por quinto mes consecutivo, con una brecha cada vez más marcada entre regiones del país
- Los servicios siguen siendo el único motor relevante del crédito empresarial, aportando 1.3 puntos porcentuales al crecimiento
El sistema bancario mexicano cerró mayo de 2026 con una fotografía de contrastes. Mientras la captación tradicional —depósitos a la vista y a plazo— aceleró su ritmo de crecimiento, el crédito a empresas privadas no financieras siguió cayendo en términos reales, y esa debilidad no se reparte por igual en el país: el norte y el centro ya están en contracción, mientras el sur crece a doble dígito.
Los datos, publicados por el Departamento de BBVA Research en su Reporte Mensual de Banca y Sistema Financiero, dibujan un sistema financiero que capta ahorro con más fuerza de la que presta.
El ahorro bancario toma impulso
La captación bancaria tradicional creció 2.2% real anual en mayo, superando tanto el mes previo (1.6%) como el promedio del primer trimestre (1.3%). Al descontar el efecto de la apreciación del peso —que restó 1.5 puntos porcentuales al dinamismo—, el crecimiento real habría sido de 3.7%.
Dentro de ese repunte, destaca la recuperación de los depósitos empresariales, que pasaron de crecer 1.3% en abril a 4.8% en mayo, y la mejora en los depósitos del sector público no financiero, que redujeron su contracción de 15.3% a 9.4%. Los depósitos de personas físicas, en cambio, perdieron algo de dinamismo (de 5.0% a 3.6%), en línea con una recuperación más moderada del empleo formal y los ingresos de los hogares.
La captación a plazo también mejoró, con un crecimiento real de 3.0% anual, impulsada sobre todo por una fuerte aceleración en los ahorros a plazo de personas físicas (de 4.9% a 6.3%). El único instrumento que perdió tracción fue la tenencia de fondos de inversión de deuda, que moderó su crecimiento a 6.0% real, su cuarto mes consecutivo por debajo del doble dígito.
El crédito empresarial no logra despegar
El contraste llega del lado del financiamiento. El crédito vigente al sector privado no financiero creció apenas 1.5% real anual, sostenido casi por completo por el consumo (que aportó 1.8 puntos porcentuales al dinamismo total). El crédito a empresas, en cambio, restó 0.5 puntos: su saldo se contrajo 0.9% real anual en mayo, encadenando ya cinco meses consecutivos en terreno negativo.
El indicador de confianza empresarial (IGOEC) acompaña esa lectura: se ubicó en 48.2 puntos en mayo, y acumula 15 meses seguidos por debajo del umbral de 50 puntos que separa el optimismo del pesimismo.
Por sector, los servicios siguen siendo el único motor relevante del crédito empresarial, aportando 1.3 puntos porcentuales al crecimiento. La manufactura, en cambio, resta dinamismo desde hace seis meses, con la industria metálica, los productos no metálicos y el equipo de transporte como los subsectores más golpeados.
Un factor adicional distorsiona la lectura: la apreciación cambiaria. La cartera empresarial en moneda extranjera —que representa 23.1% del crédito a empresas— se contrajo 11.0% real, pero al limpiar el efecto contable del tipo de cambio, ese número habría sido apenas -0.1%, la primera tasa negativa desde abril de 2022. Es decir, buena parte de la caída es estadística, no necesariamente una señal de menor demanda de crédito en dólares.
Una brecha regional que se abre
Quizás el dato más revelador del reporte no es nacional, sino regional. Con información del Reporte sobre las Economías Regionales de Banxico correspondiente al primer trimestre de 2026, la desaceleración del crédito empresarial golpea de forma muy distinta según la zona del país.
- Norte (22% del crédito total): contracción de -3.43% real anual, la primera tasa negativa desde el cuarto trimestre de 2021. La expectativa de debilitamiento manufacturero frenó la demanda de crédito de las empresas proveedoras industriales.
- Centro (52% del total, la región más grande): -1.25% real, su primer resultado negativo desde el segundo trimestre de 2023. La construcción se vio afectada por trámites más complejos, y el endurecimiento regulatorio a las fintech limitó temporalmente su operación.
- Centro Norte (17% del total): +2.1%, aunque limitado por la incertidumbre en torno a las tensiones comerciales con Estados Unidos y episodios de inseguridad.
- Sur (8% del total): +7.6%, el mejor desempeño del país, apoyado en el comercio de bienes de consumo duradero y una expansión agropecuaria en Chiapas —aunque también aquí la incertidumbre por la revisión del T-MEC y el conflicto en Medio Oriente frenó las compras de maquinaria e infraestructura.
El patrón sectorial confirma la historia: el crédito industrial cae en todas las regiones salvo el sur (que igual se desacelera), mientras que el agropecuario es el único sector que se expande de manera generalizada en todo el país.
La lectura de fondo
El reporte conecta esta desaceleración con dos frentes: un mercado laboral de recuperación lenta y una inversión privada que sigue débil. En vivienda, por ejemplo, el crédito responde con rezago al empleo formal, por lo que la demanda actual todavía refleja las condiciones laborales de fines de 2024, cuando el crecimiento del empleo empezó a caer. En tarjetas de crédito y crédito de nómina, en cambio, el buen desempeño del empleo formal en mayo (1.5% anual, por encima del promedio del trimestre) sí se tradujo en más financiamiento.
El mensaje que se desprende es de un sistema financiero funcionando en dos velocidades: una banca que capta ahorro con más facilidad de la que logra colocarlo en crédito productivo, y una geografía crediticia cada vez más desigual, donde la incertidumbre comercial y la percepción de inseguridad —más que las condiciones puramente financieras— empiezan a pesar tanto como las tasas de interés a la hora de decidir si una empresa invierte o espera.
