- El sistema de pagos inmediatos ya probó su capacidad técnica y de adopción masiva entre personas. Tiene 227 entidades conectadas, entre ellas, 25 bancos
- El reto ahora es convertir esa eficiencia en una herramienta de más amplio alcance para compañías, pymes y el Estado
A casi tres meses de su operación masiva, Bre-B ya dejó claro que el sistema de pagos inmediatos del Banco de la República no era una apuesta simbólica. Con más de 84 millones de llaves activas, 227 entidades conectadas y transferencias que se ejecutan en menos de 20 segundos, el esquema demostró que Colombia sí podía operar pagos interoperables, gratuitos y disponibles 24/7 a escala nacional.
Las cifras respaldan esa efectividad inicial.
Entre enero y agosto de 2025 se registraron 324 millones de transacciones de pagos inmediatos en el país, un volumen que confirma la rápida adopción entre personas naturales y el funcionamiento estable de la infraestructura. En términos técnicos, Bre-B cumplió: opera sin fricciones visibles para el usuario, integra billeteras y bancos, y reduce la dependencia de transferencias tradicionales y efectivo.
Sin embargo, el impacto más transformador del sistema aún no se ha materializado por completo. Ese impacto está en el mundo empresarial.
Impacto en la economía real
Hoy, mientras los pagos inmediatos entre personas crecen, la adopción corporativa sigue siendo limitada. Y no por falta de capacidad del sistema, sino por inercia operativa, fragmentación previa y modelos empresariales aún anclados a procesos lentos. Es ahí donde empiezan a aparecer señales claras de que Bre-B puede convertirse en algo más que una solución de conveniencia.
La alianza anunciada entre Clinng Payments y Kamin es un ejemplo concreto. Ambas fintech buscan llevar Bre-B al corazón de las operaciones empresariales: pagos a proveedores, recaudos masivos, marketplaces, microcrédito y tesorería corporativa. Su propuesta es simple pero potente: una sola integración para operar pagos inmediatos interoperables en Colombia y otras geografías, reduciendo tiempos, costos y complejidad.
Este tipo de desarrollos muestra que la efectividad de Bre-B no se limita a mover dinero rápido, sino a reordenar procesos financieros completos. Para una empresa, pagar en tiempo real no es solo velocidad. Es mejor gestión de liquidez, conciliación automática, menos capital inmovilizado y mayor trazabilidad. En sectores como comercio electrónico o lending digital, donde cada minuto cuenta, el impacto es directo en el negocio.
La experiencia internacional refuerza esta lectura. En Brasil, PIX no solo redujo el uso de efectivo, sino que impulsó la formalización empresarial y cambió la forma en que las compañías cobran y pagan. En Colombia, expertos del sector coinciden en que Bre-B puede seguir ese camino, siempre que logre superar dos barreras estructurales: la alta informalidad y la fragmentación del ecosistema digital.
El efectivo todavía representa el 75 de las transacciones en el país, pero se prevé que podría caer al 50% en poco tiempo. Aun así, la base ya está construida. La integración de sistemas previos como Transfiya, Nequi y Daviplata facilitó la transición y evitó una ruptura abrupta en la experiencia del usuario.
Desde bancos digitales, billeteras y fintechs, el consenso es que Bre-B nivela el terreno de juego. No es una empresa que compite, sino un mercado regulado donde más de 200 entidades pueden innovar sobre la misma infraestructura. Eso explica por qué actores como RappiPay, Nequi o Bold ven en el sistema una palanca para formalizar pagos empresariales y ampliar su oferta financiera.
En síntesis, Bre-B ya probó que funciona. Cumple en velocidad, disponibilidad y escala. Su verdadera efectividad, sin embargo, se medirá en lo que ocurra ahora: cuántas empresas lo integren, cuántos pagos corporativos migren al sistema y qué tanto logre reducir el uso de efectivo en la economía real.
Si ese salto se concreta, Bre-B dejará de ser solo un sistema de pagos inmediatos para convertirse en una pieza central de la modernización financiera del país.





