- Con más bancarización y un incipiente nivel de inversión formal, el mercado masivo se convierte en la nueva frontera estratégica para banca en México
- Azucena Aguilar, directora de Fondos de Inversión e Inversiones en Banco Azteca, nos habla sobre el reto de transformar ahorristas en inversionistas activos

Durante años, el gran objetivo del sistema financiero mexicano fue bancarizar. Abrir cuentas, entregar tarjetas, formalizar flujos. Ese ciclo, en buena medida, ya ocurrió. Hoy el desafío es otro: convertir a millones de ahorristas en inversionistas.
Los datos muestran un país que avanzó, pero que todavía no cruza del todo el puente hacia el mercado de capitales.
Un informe conjunto de Vanguard y México, ¿Cómo vamos? revela que 76.5% de la población entre 18 y 70 años ya tiene al menos un producto financiero formal. Es un salto relevante frente a 2021. Sin embargo, solo 42.2% cuenta con un instrumento de ahorro para el retiro. Y la brecha de género sigue siendo estructural: más de 17 puntos porcentuales separan a hombres y mujeres en tenencia de cuentas previsionales.
El hábito de ahorrar en canales formales recién comienza a popularizarse.
La bancarización en aumento
Entre 2012 y 2024, el ahorro general pasó de 50.8% a 66.4% de la población. El ahorro activo en instrumentos formales también subió: de 15.3% a 29.8%. Es un avance, pero sigue siendo minoritario.
La fotografía se completa con la Encuesta Nacional de Salud Financiera 2023: el 52% de la población adulta tiene algún tipo de ahorro, pero 41% de quienes ahorran lo hacen de manera informal. Guardan el dinero en casa, participan en tandas o recurren a cajas de ahorro.
Además, solo una de cada diez personas tiene un fondo de emergencia equivalente a más de tres meses de ingresos. Y 36.2% de la población reporta tener deudas. El bienestar financiero promedio del país se ubica en 52.8 puntos, en una escala que refleja un nivel apenas moderado.
Barreras culturales
Para Azucena Aguilar, directora de Fondos de Inversión e Inversiones en Banco Azteca, el principal obstáculo no es técnico, sino cultural. “La percepción de riesgo, la desconfianza y mitos como ‘invertir es para expertos’ o ‘se necesita mucho dinero’ siguen muy presentes”, explica.
Desde su visión, el cliente no se transforma en inversionista por recibir más información, sino cuando la experiencia es simple y útil. «Se necesita un entendimiento profundo del cliente: su situación socioeconómica, sus comportamientos financieros reales, las motivaciones para incursionar en nuevas herramientas. La clave es hacerlo con accesibilidad, confianza, con un lenguaje sin tecnicismos y una experiencia sin fricciones; hacer tangibles los beneficios, y sobre ello, fomentar el hábito de invertir», concluye Aguilar.
La afirmación toca un punto clave: durante años la estrategia de los bancos se centró en educación financiera. Hoy el énfasis parece moverse hacia diseño de producto y experiencia digital.
La inversión se integra
En febrero de 2026, Banco Azteca anunció su entrada al mercado de fondos de inversión con una operación 100% digital desde su aplicación móvil. El movimiento refleja una tendencia: integrar la inversión dentro de la banca cotidiana. El cliente quiere entender en términos simples qué está haciendo con su dinero.
Democratizar implica tickets promedio más bajos y mayor volumen. Es un modelo que exige eficiencia operativa, escalabilidad tecnológica y monitoreo constante de riesgo.
Desde la perspectiva de Aguilar, «inclusión financiera y rentabilidad no es un dilema ético vs. económico, tiene que ver con el diseño estratégico y el modelo operativo. Además, es indispensable el monitoreo de las métricas de negocio y ajustar
accionables ante los hallazgos».
El reto está en construir modelos que soporten alta base de clientes.
La frontera del cash
México sigue siendo una economía donde el efectivo pesa. Una parte importante del ahorro informal se guarda en casa. No hay intermediación, no hay rendimiento, no hay trazabilidad.
Para el sistema financiero, la frontera no es solo abrir cuentas. Es cambiar hábitos.
El inversionista que está emergiendo ahorra de forma intermitente y empieza a considerar alternativas formales si la barrera de entrada es baja y la experiencia es clara.
En palabras de Azucena Aguilar, llegó la hora de la democratización de los servicios financieros en México.





