- El banca mexicana recupera impulso: crecen los depósitos y se consolida la solidez financiera
- A pesar de un entorno económico global complejo, los indicadores de captación muestran señales alentadoras en febrero de 2026, mientras la banca múltiple cierra 2025 con niveles de capitalización muy por encima de los mínimos regulatorios
La banca mexicana ofrece razones para el optimismo. En febrero de 2026, la captación bancaria tradicional —la suma de depósitos a la vista y a plazo— creció 2.1% en términos reales anuales, superando el 0.8% registrado en enero y equiparando el ritmo promedio del último trimestre de 2025. Si se descuenta el efecto contable generado por la apreciación del peso frente al dólar, la imagen es aún más favorable: el crecimiento real habría alcanzado 4.4%, el más alto en varios meses.
Este dato no es menor. La captación es el termómetro de la confianza del público en el sistema financiero, y su recuperación —sostenida incluso en un momento de desaceleración económica general— habla de la resiliencia del sector.
Estos datos se desprenden del «Reporte Mensual de Banca y Sistema Financiero», elaborado por el área de Estudios Económicos de BBVA Research.
Los depósitos a plazo lideran la recuperación
El segmento de depósitos a plazo fue el protagonista del mes. Con un crecimiento real anual de 3.6%, revirtió la leve caída de 0.1% registrada en enero. Empresas, sector público e intermediarios financieros incrementaron sus posiciones en estos instrumentos, una señal que los analistas interpretan como una acumulación de liquidez en espera de condiciones más favorables para invertir.
Los depósitos a la vista, por su parte, también aportaron al dinamismo, impulsados principalmente por los hogares. El crecimiento del empleo formal —que en enero avanzó 1.2% anual— y una recomposición del ahorro familiar hacia saldos más líquidos explican en buena medida esta tendencia.
La captación total supera los ocho puntos de crecimiento nominal
Al sumar la captación tradicional con las tenencias en fondos de inversión de deuda, el sistema alcanzó en febrero un crecimiento de 4.0% real (8.2% nominal). Si bien este ritmo es algo inferior al promedio del cuarto trimestre de 2025, confirma que el flujo de recursos hacia el sistema bancario se mantiene activo y diversificado.
Solidez estructural
Más allá de los flujos mensuales, el sistema muestra una salud de fondo deseable. Según el informe anual del Consejo de Estabilidad del Sistema Financiero (CESF), al cierre de 2025 el índice de capitalización (ICAP) promedio de la banca múltiple se ubicó en 20.2%, más de diez puntos porcentuales por encima del mínimo regulatorio, y creció 1.1 puntos respecto al cierre de 2024.
La calidad de la cartera también se mantiene sólida: el 95.7% de los créditos está al corriente, y apenas el 2.2% acumula más de 90 días de atraso. El Coeficiente de Cobertura de Liquidez (CCL) de todas las instituciones supera el 100% requerido —la mediana se sitúa en 322%—, lo que indica que la banca cuenta con amplio margen para enfrentar escenarios de estrés.
El crédito, el punto de atención
El cuadro no está exento de matices. La cartera de crédito al sector privado mostró en febrero su menor crecimiento desde abril de 2022, con un alza real de apenas 1.4%. El crédito empresarial entró en terreno negativo y el financiamiento a la vivienda marcó su mínimo histórico desde 2004.
Sin embargo, este menor ritmo del crédito no implica deterioro: los índices de morosidad se mantienen estables en los segmentos de empresas y vivienda, y la banca cuenta con capital y liquidez suficientes para acompañar una eventual reactivación cuando las condiciones macroeconómicas mejoren.
Un sistema preparado para el rebote
El panorama general que emerge de los datos de febrero es el de un sistema financiero que absorbe el enfriamiento económico sin perder solidez. La recuperación de los depósitos sugiere que familias y empresas siguen confiando en los bancos como refugio para su ahorro. Y con índices de capitalización y liquidez en niveles históricamente holgados, la banca está bien posicionada para retomar su papel de motor del crédito en cuanto la actividad económica vuelva a ganar tracción.



